14/12/08
CRECER
holaaaaaaaaaaaa haditasssss preciosasssssss jajjja me encanta estar aqui... he visto que pusiste la contestacion de crecer... ahi va el poema entero... gracias mi gran hada azul...
Imagina que sin las penas de los años
ves crecer flores del revés .
Imagina que un bigote de tu gatito
es una liana para colgarte de el.

ves crecer flores del revés .
Imagina que un bigote de tu gatito
es una liana para colgarte de el.

Imagina que te montas en un caracol
y corres una carrera con un ciempiés
Imagina nunca dejes de imaginar
Nunca pierdas esa inocencia
Ni la bondad
de los niños
y corres una carrera con un ciempiés
Imagina nunca dejes de imaginar
Nunca pierdas esa inocencia
Ni la bondad
de los niñosCuando seas grande nunca olvides
de que has de hacerte pequeño
Para CRECER......
de que has de hacerte pequeño
Para CRECER......
mil besitos
13/12/08
CRECER

Crecer...
crecer como el hada Carmen...
¿habéis visto como crece?
el hada Carmen es el hada
del los lunes y los jueves,
es el hada que camina
como si mil pies tuviese,
es el hada que imagina
que los sueños nunca ceden.
El hada Carmen te besa
mientras tú, en tu cama, duermes,
y te cuida, y te arropa
para que el frío no llegué,
Te da un beso por las noches
y te ayuda a hacer los deberes,
te hace cosquillas, mimosa,
y en tu sonrisa se crece.
¿Tú has visto, celosa...
como el hada Carmen crece?
sus alas de mariposa
orgullosa ella... extiende,
para arroparte, orgullosa
mientras sueñas,
mientras duermes...
mientras, sin tú darte cuenta,
ella vela como creces.
crecer como el hada Carmen...
¿habéis visto como crece?
el hada Carmen es el hada
del los lunes y los jueves,
es el hada que camina
como si mil pies tuviese,
es el hada que imagina
que los sueños nunca ceden.
El hada Carmen te besa
mientras tú, en tu cama, duermes,
y te cuida, y te arropa
para que el frío no llegué,
Te da un beso por las noches
y te ayuda a hacer los deberes,
te hace cosquillas, mimosa,
y en tu sonrisa se crece.
¿Tú has visto, celosa...
como el hada Carmen crece?
sus alas de mariposa
orgullosa ella... extiende,
para arroparte, orgullosa
mientras sueñas,
mientras duermes...
mientras, sin tú darte cuenta,
ella vela como creces.
LA NAVIDAD DE IDIEL

Era diciembre, en la casita del bosque, unos niños, sentados sobre la alfombra, frente a la chimenea, se dedicaban a escribir su carta a los reyes magos… eran seis, cuatro niñas, LARA, ANDREA, ANA Y ALBA, un pequeño varoncito… ÁLVARO, y un bebé, en su cunita llamado ADRIAN.
Se hallaban tan ensimismados intentando escribir sus deseos que no se dieron cuenta de que debajo del sofá se abría una grietita de la cual surgía un pequeño duendecillo de orejas puntiagudas y pelo azul, sus ojitos oscuros eran tristes y su cara reflejaba melancolía… Los niños, ilusionados, iban escribiendo sus peticiones sin reparar en nada más… el duendecillo se sentó en el borde de la alfombra, contemplándolos… jugaban y discutían por cualquier cosita que pensaban que era importante… un muñeco más grande, una cocinita con microondas, un puzle lleno de colorido… ¡¡¡me lo pido yo!!! ¡¡¡no, yo me lo pedí antes!!!...
El duendecillo se acercó sigilosamente y se colocó al lado de la goma de borrar para escucharles mejor, de pronto… el pequeño Álvaro fue a coger la goma y lo descubrió, asombrado lo tomó con su pequeña manita y lo acercó hasta su nariz para mirarlo bien… sus ojitos picarones se posaron en el pequeño duende que temblaba de miedo ante aquel niño que se le hacía tan grandote, el pequeño, entusiasmado, se lo mostró a las niña diciéndoles….
.: ME HE ENCONTRADO UN MUÑECO… Y ES MIO… MIRA, MIRA……….ES MIO……….
Las niñas dejaron sus lápices y acercaron sus caritas para contemplarlo.
.: ¡¡¡OH!!!ES UN DUENDE, dijo una de ellas, y las otras replicaron,
SI… PARECE UN DUENDE… PERO ¿NO HABLA?…
El pequeño ser, les miró con miedo y sacando fuerzas de flaqueza… habló…
.: SI… SOY UN DUENDE, SOY “IDIEL”, EL DUENDE TRISTE, EL REY ACROB ME CASTIGO, ESTOY CONDENADO A NO RECIBIR NINGUN REGALO EN LA NOCHE DE REYES HASTA QUE NO RECUPERE MI SONRISA, UN DÍA, HACE MUCHISIMOS AÑOS… FUI EGOISTA, Y DESDE ENTONCES VAGO POR TODO EL MUNDO SIN PODER SONREIR…
Los niños se miraron incrédulos… y Alba, dirigiéndose a el, le preguntó.
.: ¿ERES UN DUENDE MALO?
Ana… con voz dulce, dijo:
.:¿CÓMO VA A SER MALO? ES SOLAMENTE… UN DUENDE…
Las dos mayores se miraron y LARA DIJO….
.: BAH… ES SOLO UN PEQUEÑO DUENDE, NI BUENO NI MALO, y, seguidamente Andrea dijo….
.: VENGA, DEJADLO IR, QUE SE MARCHE A SU PAÍS,,, ESTAMOS PERDIENDO EL TIEMPO… VOLVAMOS A ESCRIBIR NUESTRAS CARTAS, ESO ES LO IMPORTANTE.
Mientras, el pequeño Álvaro jugueteaba con el, le cogía las orejitas y se empeñaba en quitarle el gorrito que cubría su cabecita, lo volteaba como si de un verdadero juguete se tratara… mientras el minúsculo duende le gritaba.
…: JOOOO, DEJAME… POR FAVOR, TERMINARAS HACIENDOME DAÑO…
Las dos pequeñas, Ana y Alba, se miraron y levantándose se acercaron aun más a IDIEL… su carita reflejaba una tristeza que no podían obviar, incluso una gran lágrima brotaba de sus ojitos melancólicos ocupando casi toda su carita… se las quedó mirando fijamente y con voz entrecortada por el llanto comenzó a decirles…
.:NECESITO VUESTRA AYUDA… NECESITO VOLVERA SONREIR, ASI, MI CAMINO ES OSCURO Y DOLOROSO…
Ana le preguntó…
.:¿PERO COMO PODEMOS HACERTE SONREIR?
Y Lara la siguió preguntándole….:
¿ES UN HECHIZO?
Alba, le miró fijamente y le dijo…
.:¡¡¡PODRIAMOS HACERTE COSQUILLAS!!!
Y Andrea sin pensárselo le levantó uno de sus bracitos y con su dedo pequeño comenzó a cosquillearlo, mientras Ana le quitaba uno de sus zapatitos verdes y el calcetín de rayas rojas y blancas para aplicarle en la planta del pie suaves toques con el pincel de las acuarelas…
Más, el duende no sonreía, de sus ojos brotaban lágrimas cada vez más grandes. Las mayores, poniendo todo su empeño en hacerle reír, comenzaron a hacer muecas y gestos, ponían las caras más raras del mundo, tanto, que el pequeño Álvaro rompió en enormes carcajadas y sin darse cuenta soltó al duendecillo, que asustado cayó encima de una de las cartas a medias de escribir… justo cayó sobre la palabra “AMIGO”… la leyó despacio y sus ojos adquirieron un brillo extraño, de pronto, se levantó y gritando para que los niños le escucharan…
.:PEQUEÑOS, PEQUEÑOS, ESCUCHADME… CREO QUE SE LO QUE NECESITO, Y QUIZÁ, VOSOTROS ME LO PODEIS DAR… “AMIGO” NECESITO UN AMIGO QUE ME HAGA SONREIR, NECESITO QUE ALGUIEN DESEE UNA GRAN SONRISA PARA MI… UNA SONRISA LINDA EN MI BOCA…
Los niños se miraron y… el pequeño Álvaro corrió a coger una pintura roja, se acercaba a el duende con la intención de dibujarle la cara… .:¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NOOOOOOO, ASÍ NO!!!!!!!!
Replicó asustado el pobre IDIEL…
.: CREO QUE TENGO LA SOLUCION, PERO NO ES ESA… TENEIS QUE DESEAR QUE YO SONRIA, DESDE EL CORAZÓN, Y PEDIRLO CON MI NOMBRE…
Andrea cogió la goma de borrar y decidida borró el nombre que seguía, en su carta, a la palabra “AMIGO” y con impaciencia comenzó a escribir… “I”… en el rostro del duende, una luz surgió, haciendo más agradable su pequeña carita… luego escribió la “D” y su boca comenzó a subir en sus comisuras… después, otra “I” y los ojos del duende parecieron cobrar un tono divertido… detrás la “E” , en ese momento el duendecillo gritó…
.:¡¡¡CUIDADO!!! ESTA ÚLTIMA LETRA SOLAMENTE PUEDE ESCRIBIRLA EL SER HUMANO MÁS PEQUEÑO…
Las niñas se miraron asustadas… ¡¡¡dios!!! El mas pequeño era Adrian y era solamente un bebé, el no podría escribirlo, Idiel les dijo que a Adrian aún no se le consideraba como un ser humano, aún era un pequeño angelito, pero… Álvaro… tenía solo tres años, y aún no sabía escribir… ¡¡¡nooooo!!! No podrían salvar de su hechizo al pobre duende… jooooooooo, ¿como podía ser así…? De pronto el pequeño Álvaro, con voz fuerte gritó…..
.: ZIIIIII……….EL NENE ZABE QUIBIR…QUE ZI… EL NENE EZQUIBE
… y cogiendo con su manita al pequeño duende lo llevó hasta el lápiz, montándolo en el como si de un caballo imaginario se tratara, luego sus dedos agarraron el lápiz y lo colocó sobre la carta y comenzó a escribir…….lentamente….
”L”… justo al terminar el ultimo trazo de la letra, de la garganta del pequeño IDIEL surgió una estruendosa carcajada y su boca dibujó la sonrisa más grandiosa del universo, apeándose de un salto del lápiz comenzó a bailotear y a canturrear riendo sin parar a la vez que soplaba sobre sus manos, de las que brotaban, incesantes, estrellas brillantes, flores fragantes y bellas mariposas…
los niños, contagiados por la alegría del pequeño duende comenzaron también a saltar y bailar sobre la alfombra, tan ensimismados estaban que no se dieron ni cuenta de que IDIEL se alejaba dando saltitos para desaparecer debajo del sofá…cuando se dieron cuenta de que el duende había desaparecido volvieron cada uno a su carta, y… escribieron sobre ellas… sin mirarse…
QUERIDOS REYES MAGOS, PARA DESPEDIRME DE VOSOTROS, QUIERO, COMO PRIMER Y GRAN DESEO, QUE TRAIGAIS UNA GRAN SONRISA PARA CADA UNO DE LOS NIÑOS DEL MUNDO, INCLUIDOS LOS DUENDES, SI VEIS QUE NO TENEIS BASTANTES SONRISAS, VENID Y COGED LA MÍA…
Y una de las cartas… la del pequeño Álvaro comenzó a volar por la sala, como una mariposa hasta pararse en la nariz de Lara, que asombrada la leyó… en ella había escrito…
QUERIDOS REYES MAGOS… SOY IDIEL… PIDO, PARA ESTE PEQUEÑO, REPRESENTANTANTE DE TODOS LOS NIÑOS DEL MUNDO, QUE NUNCA DEJE DE SOÑAR Y DE JUGAR CON ILUSION, Y PARA MIS FIELES AMIGAS… LARA, ANDREA, ANA Y ALBA, QUE SIEMPRE VALOREN LA AMISTAD Y LOS SUEÑOS, PARA ADRIAN PIDO QUE CREZCA LLENO DE AMOR Y QUE UN DÍA SEA BUENO, Y SOBRE TODO… QUE SUS PETICIONES SIEMPRE SEAN COMPARTIDAS… QUE SUS SONRISAS NO SE AGOTEN, Y QUE SEPAN SEGUIR HACIENDO SONREIR A CUANTOS LAS RODEAN…
Agotados… los niños se quedaron dormidos sobre la gran alfombra,
y de debajo del sofá comenzaron a salir seres diminutos que los fueron arropándolos con pétalos de rosas. Un hada blanca se posó sobre el cuaderno abierto, y los veló toda la noche… cuidando que sus sueños fueran lindos, las cartas dormían a su lado, y en el cielo, las estrellas sonreían mirándolos, el pequeño Álvaro, en sueños, susurró…
.: mami ya zoy mayo… he ezquito “L”…
Y, en su mundo de pequeños seres, IDIEL, el duendecillo triste sonreía sin parar repitiendo en una canción…
NI HADAS, NI DUENDES
NI ESTRELLAS, NI GNOMOS…
NI DIOSES, NI BRUJAS
SOLO “AMIGOS”… ESO SOLO.
Dedicado a todos vosotros, mis sobrinos.
Con todo mi cariño
Esperando que sepáis poner en práctica el amor y la generosidad.
LA CARTA DE PAPA NOEL

Era una mañana fría, el jardín estaba cubierto por una gran manta de nieve, por la ventana asomaba la cabecita un pequeña niña llamada Clara, era 22 de diciembre, cada día se ponía nerviosa pensando en la llegada de Papá Noel, mirando al cielo, la niña se dijo a si misma:
-Mañana escribiré la carta a Papá Noel, se está haciendo muy tarde y no se si le llegará a tiempo para leerla.
En ese momento pasó su madre a la habitación.
-Clara, mi niña ¿Cómo es que te has levantado tan temprano? Hoy no hay colegio, recuerda, estamos en vacaciones de Navidad.
Mientras que Clara y su madre hablaban, escucharon un llanto de fondo, se trataba de Roberto, su hermano pequeño, que lloraba por que se había dado un coscorrón con la puerta del salón.
-Mami, mamiiiiiiii, me hecho pupa, mamiiiiiiiii
La madre se asustó y salió corriendo en busca del niño. Se le hizo larguísimo el tiempo, aquella casa era demasiado grande. Cuando llegó al salón lo vio en el suelo, retorciéndose de dolor, se acercó y lo levantó comprobando que solamente era un simple chichón.
Clara había salido detrás de su madre asustada, pero al verle que no era nada grave empezó a reírse a carcajadas, detrás estaba su hermano Carlos, era el mayor de los tres, ya tenía 15 años. La dio una colleja mientras la decía:
-No te rías, se podría haber hecho mucho daño
Mientras Carlos regañaba a Clara, se abría la puerta de la calle, poco a poco, muy despacio. Era La abuela Paz que vivía con ellos desde que murió su marido, (el abuelo), venía de la compra, cargada de bolsas.
Al ver que todos estaban pendientes de Roberto y al mirar el gran chichón que se había hecho, soltó las bolsas en el suelo, y acercándose dijo:
-¡¡¡¿Pero hijo que te ha pasado?!!!
Marta (la madre) se lo explicó intentando tranquilizarla:
-Tranquila abuela, tranquila, solo ha sido un pequeño chichón, estaba jugando y ya sabes lo trasto que es.
Ala vez el pequeño Roberto, entre lágrimas le decía.
-Ay yaya, pupa, me he hecho mucha pupa.
La abuela cogiéndolo en brazos y dándole un montón de besos le decía:
-Pobrecito mi niño, tranquilo, la abuela te cura.
Al día siguiente, Clara comenzó a escribir la carta a Papá Noel:
-Querido Papá Noel, se que este año no me he portado muy bien que se diga, pero como sé que tu me vas a perdonar, te pido la Barbie Melody, un juego de las Bratz para la play statión, y por ultimo y más importante te pido por favor, mucha salud para toda mi familia, y que los niños pobres puedan comer. No te pido más cosas para que también te queden regalos para otros niños que lo necesitan más. Y si tienes que traerme solo un regalo, no pasa nada, lo entenderé.
UN BESO GRANDE PARA TI
Adiós. Clara.
La metió en el sobre y salió corriendo a la cocina donde estaba su madre, y dándosela la dijo:
-Mamá, corre, date prisa, venga, ya es muy tarde, lleva la carta a ese sitio para que se la den a Papá Noel.
Cuando salía su madre a llevar la carta, llegaba Mario, (el padre) que sorprendido la dijo:
-¿Dónde vas tan deprisa?
Marta sin dejar de corres le dijo
-Luego te explico, tengo mucha prisa.
Mario entró y se fue al salón donde estaban los niños,
-Hola hijos ¿Qué tal el día?
-Bien papa, (dijeron todos a la vez)
Roberto corrió y medio lloriqueando le dijo
-Papi, papi, mira lo que me ha pasado (señalándose el chichón)
-Vaya, eso no es nada, ¿a que ya no duele? Seguro que la abuela te lo ha curado ¿verdad?
-Si papi, me ha curado la yaya, con besitos y esa cosa roja que escuece mucho (betadine)
Al rato sonó el timbre, era mamá que se había olvidado de llevarse las llaves, con tanta prisa no pensó en ellas.
Mientras cenaban Marta y Mario comentaban todas las cosas que habían pasado durante el día.
Poniéndose en píe, Marta y Mario, les dijeron:
-VAMOS NIÑOS, A LA CAMA, MAÑANA ES UN GRAN DÍA
Por fin ha llegado, ¡es la noche de Papá Noel! Clara no puede dejar de pensar, y su nerviosismo no la deja de parar, piensa en si habrá recibido su carta, también piensa si lo que ha pedido será posible que se lo traiga, y sobre todo piensa en si la hará caso con los de los niños pobres.
Se iba acercando la noche, la familia empezaba a llegar a casa para la gran cena, todos traían cosas, pasteles, botellas de vino, etc…
Cenaron, cantaron villancicos y bailaron durante mucho rato, el sueño iba haciendo efecto en los niños, Roberto se quedó dormido en la alfombra, al lado de la chimenea, Carlos se había ido a su dormitorio a escuchar música, y Clara intentaba no dormirse para poder ver a Papá Noel, pero cuando se quiso dar cuenta, estaba en un profundo sueño.
-Clara, Roberto… niños, ¡que ya va a venir Papá Noel!
Clara, sobresaltada, saltó del sofá donde se había quedado dormida.
-¿Dónde, donde están los regalos?
Todos los regalos estaban debajo del árbol de Navidad, todos, todo lo que habían pedido les había traído Papa Noél.
Además de todos los regalos, sobre un paquete, había una carta con un letrero grande que ponía CLARA.
La niña comenzó a leer y en ella decía:
-Hola Clara, soy Papá Noel, yo se que tu, a pesar de no haber sido todo lo buena que debieras, tienes muy buen corazón, por eso te he traído todo lo que me pediste, y… en cuanto a tu petición para los niños pobres y la salud de tu familia, no dudes que yo haré todo lo posible para que se cumpla tu deseo.
Clara, abrazó la carta y cerró los ojos, la llevó hasta su cuarto y la guardó en la cajita de sus tesoros. Y seguidamente se metió en la cama quedándose dormidita. Era una niña Feliz.
Al día siguiente se levantó muy temprano para tener más tiempo para jugar con sus juguetes.
-Mañana escribiré la carta a Papá Noel, se está haciendo muy tarde y no se si le llegará a tiempo para leerla.
En ese momento pasó su madre a la habitación.
-Clara, mi niña ¿Cómo es que te has levantado tan temprano? Hoy no hay colegio, recuerda, estamos en vacaciones de Navidad.
Mientras que Clara y su madre hablaban, escucharon un llanto de fondo, se trataba de Roberto, su hermano pequeño, que lloraba por que se había dado un coscorrón con la puerta del salón.
-Mami, mamiiiiiiii, me hecho pupa, mamiiiiiiiii
La madre se asustó y salió corriendo en busca del niño. Se le hizo larguísimo el tiempo, aquella casa era demasiado grande. Cuando llegó al salón lo vio en el suelo, retorciéndose de dolor, se acercó y lo levantó comprobando que solamente era un simple chichón.
Clara había salido detrás de su madre asustada, pero al verle que no era nada grave empezó a reírse a carcajadas, detrás estaba su hermano Carlos, era el mayor de los tres, ya tenía 15 años. La dio una colleja mientras la decía:
-No te rías, se podría haber hecho mucho daño
Mientras Carlos regañaba a Clara, se abría la puerta de la calle, poco a poco, muy despacio. Era La abuela Paz que vivía con ellos desde que murió su marido, (el abuelo), venía de la compra, cargada de bolsas.
Al ver que todos estaban pendientes de Roberto y al mirar el gran chichón que se había hecho, soltó las bolsas en el suelo, y acercándose dijo:
-¡¡¡¿Pero hijo que te ha pasado?!!!
Marta (la madre) se lo explicó intentando tranquilizarla:
-Tranquila abuela, tranquila, solo ha sido un pequeño chichón, estaba jugando y ya sabes lo trasto que es.
Ala vez el pequeño Roberto, entre lágrimas le decía.
-Ay yaya, pupa, me he hecho mucha pupa.
La abuela cogiéndolo en brazos y dándole un montón de besos le decía:
-Pobrecito mi niño, tranquilo, la abuela te cura.
Al día siguiente, Clara comenzó a escribir la carta a Papá Noel:
-Querido Papá Noel, se que este año no me he portado muy bien que se diga, pero como sé que tu me vas a perdonar, te pido la Barbie Melody, un juego de las Bratz para la play statión, y por ultimo y más importante te pido por favor, mucha salud para toda mi familia, y que los niños pobres puedan comer. No te pido más cosas para que también te queden regalos para otros niños que lo necesitan más. Y si tienes que traerme solo un regalo, no pasa nada, lo entenderé.
UN BESO GRANDE PARA TI
Adiós. Clara.
La metió en el sobre y salió corriendo a la cocina donde estaba su madre, y dándosela la dijo:
-Mamá, corre, date prisa, venga, ya es muy tarde, lleva la carta a ese sitio para que se la den a Papá Noel.
Cuando salía su madre a llevar la carta, llegaba Mario, (el padre) que sorprendido la dijo:
-¿Dónde vas tan deprisa?
Marta sin dejar de corres le dijo
-Luego te explico, tengo mucha prisa.
Mario entró y se fue al salón donde estaban los niños,
-Hola hijos ¿Qué tal el día?
-Bien papa, (dijeron todos a la vez)
Roberto corrió y medio lloriqueando le dijo
-Papi, papi, mira lo que me ha pasado (señalándose el chichón)
-Vaya, eso no es nada, ¿a que ya no duele? Seguro que la abuela te lo ha curado ¿verdad?
-Si papi, me ha curado la yaya, con besitos y esa cosa roja que escuece mucho (betadine)
Al rato sonó el timbre, era mamá que se había olvidado de llevarse las llaves, con tanta prisa no pensó en ellas.
Mientras cenaban Marta y Mario comentaban todas las cosas que habían pasado durante el día.
Poniéndose en píe, Marta y Mario, les dijeron:
-VAMOS NIÑOS, A LA CAMA, MAÑANA ES UN GRAN DÍA
Por fin ha llegado, ¡es la noche de Papá Noel! Clara no puede dejar de pensar, y su nerviosismo no la deja de parar, piensa en si habrá recibido su carta, también piensa si lo que ha pedido será posible que se lo traiga, y sobre todo piensa en si la hará caso con los de los niños pobres.
Se iba acercando la noche, la familia empezaba a llegar a casa para la gran cena, todos traían cosas, pasteles, botellas de vino, etc…
Cenaron, cantaron villancicos y bailaron durante mucho rato, el sueño iba haciendo efecto en los niños, Roberto se quedó dormido en la alfombra, al lado de la chimenea, Carlos se había ido a su dormitorio a escuchar música, y Clara intentaba no dormirse para poder ver a Papá Noel, pero cuando se quiso dar cuenta, estaba en un profundo sueño.
-Clara, Roberto… niños, ¡que ya va a venir Papá Noel!
Clara, sobresaltada, saltó del sofá donde se había quedado dormida.
-¿Dónde, donde están los regalos?
Todos los regalos estaban debajo del árbol de Navidad, todos, todo lo que habían pedido les había traído Papa Noél.
Además de todos los regalos, sobre un paquete, había una carta con un letrero grande que ponía CLARA.
La niña comenzó a leer y en ella decía:
-Hola Clara, soy Papá Noel, yo se que tu, a pesar de no haber sido todo lo buena que debieras, tienes muy buen corazón, por eso te he traído todo lo que me pediste, y… en cuanto a tu petición para los niños pobres y la salud de tu familia, no dudes que yo haré todo lo posible para que se cumpla tu deseo.
Clara, abrazó la carta y cerró los ojos, la llevó hasta su cuarto y la guardó en la cajita de sus tesoros. Y seguidamente se metió en la cama quedándose dormidita. Era una niña Feliz.
Al día siguiente se levantó muy temprano para tener más tiempo para jugar con sus juguetes.
(Duende_Burbuja)
Ana García López-Jaraba
EL DESORDEN DE LA NAVIDAD

Es un Belén de figuritas, sus colores son alegres, está montado en el salón de la casa, en la casa viven tres niños, cuando esta llegando la navidad comienzan a ponerse nerviosos, piensan mucho en la noche de reyes, sobre todo el pequeño Álvaro, esperan siempre que les traigan muchos regalos.
Todos se habían ido a dormir, era la noche de reyes, en el salón, el Belén parecía dormido también, pero…de debajo de la cunita del niño Jesús, salió un pequeño ratoncito de orejas tiesecitas, era Aful, la mascota de Álvaro, que se le había escapado.
Comenzó a corretear sobre el serrín que hacía de tierra del pueblo de Belén, en su aventura fue tirando casi todas las figuritas, el pastorcito, la lavandera, la panadera, corría y corría como loco, empezó a subir hacía el castillo de Herodes por donde bajaban los reyes magos en sus camellos, cuando iba a llegar a ellos y tirarlos se escuchó un llanto… era el niño Jesús que, entre lágrimas, le decía… “Ratoncito por favor, los reyes magos no, no por favor, que sin ellos no tendremos regalos”. Pero Aful no entendía el idioma del niño Jesús y solamente miraba de un lado para otro sin saber que hacer… de pronto de la olla del señor de las gachas, salió una lucecita verde muy brillante, se acercó a la nariz de Aful y… era el hada Babla que al ver el desastre que el pequeño ratoncito estaba haciendo en el Belén vino para intentar ayudar, se paró, revoloteando con sus alitas pequeñitas y le dijo a Aful… “Oye… ¿no ves la que estás liando?.. ¿no escuchas al niño Jesús?”. El ratoncito se quedó quieto y asustado, Babla era el hada del idioma y a ella si la entendía, ahora no quería moverse para no seguir desarmando aquel Belén tan bonito, y sobre todo para que los reyes magos no se cayeran, si no no tendrían regalos ninguno de los niños de la casa, ni del mundo. Babla pensó, yo soy muy pequeña y no puedo sacar a Aful del Belén, se sentó al lado del pozo y empezó a pensar como sacarlo.
¡¡¡IDEA!!! Iré a la habitación de los niños y haré que Alba sueñe que viene a rescatar el mundo de la Navidad, ella tiene que poner el Belén en orden.
Voló como un rayo hasta la cama de Alba que estaba dormida como un tronco, se acercó a su oído y le susurró… “Alba, vas a levantarte y vas a poner en píe todas las figuritas que Aful a tirado en el Belén”. La niña se levantó y caminó hasta el salón, se paró frente al Belén y con dos deditos cogió al ratoncito de Álvaro y lo metió en su jaulita, luego fue cogiendo una por una las figuritas y las colocó en sus sitios correspondientes, cuando ya había puesto todas de píe escuchó una vocecita que decía… “Gracias Alba, gracias”, la niña busco de donde venía la vocecita y vio que era el Niño Jesús que le hablaba con una sonrisa muy dulce. La niña le dio un besito en la carita y se marchó a la cama.
Aún era de noche y entró Javier, el hermano mayor, en la habitación de los pequeños, y muy despacito les dijo.- VAMOS, VAMOS QUE CREO QUE YA HAN VENIDO LOS REYES MAGOS… saltaron de la cama muy nerviosos, no se atrevían a pasar al salón, tenían un poquito de miedo, pero Javier los empujó y… ¡OH! Debajo del Belén había una montaña de regalos, los niños corriendo gritando de alegría a recoger sus regalos… había para todos. En cada paquete ponía un nombre y así se los fueron repartiendo, los abrieron y… Alba se dio cuenta de que debajo de la cunita del niño Jesús brillaba algo muy verde, se acercó y lo cogió con sus manitas y… UN COLGANTE EN FORMA DE HADA VERDE BRILLATE que tenía una notita escrita en la que ponía… “POR HABER DEVUELTO AL MUNDO DE LA NAVIDAD EL ORDEN, PARA TI ALBA DE TU HADA BABLA”. Alba cerró los ojos y recordó que había soñado.
(Albita_Brujilla)
Alba Mora López-Jaraba
PEQUEÑA HADA

Abrió los ojos como empujado por una fuerza extraña, era bien temprano, las 8 de la mañana de un día de navidad, el pequeño Gully no podía creer lo que veía, toda la
ciudad era un manto blanco, la suave y mullida nieve lo había cubierto, todo, hasta el último rincón de su jardín.
Se levantó de un saltó y pegó la nariz a la ventana, estaba helada, pero sentía una gran prisa por sentir bajo sus pies tan blanca alfombra. Desayunó, sin protestar, sus cereales con leche , se vistió y colocó su gorro, bufanda y guantes.
Gully se disponía salir de casa para jugar en la nieve con Pope, su snaucer, pero cuando intentó salir se dio cuenta que la puerta no se podría abrir, la nieve la había atascado así, que sin dudarlo, se fue al garaje donde su padre guardaba sus herramientas, cogió una pala, saltó por la ventana del salón que daba a la calle y se puso a trabajar duro para quitar toda esa nieve que no le dejaba salir a disfrutar de aquella maravillosa mañana,
Comenzó a cavar apartando la nieve que cubría la entrada a la casa, y de pronto la pala chocó con algo que la hizo sonar raro, era un ruido extraño, entre metálico y suave, había topado con algo muy duro, pero a la vez delicado, con sus manos envueltas en sus guantes de lana comenzó a retirar la nieve y... era una pequeña cajita dorada, con unas estrellas destellantes grabadas en sus paredes, unas alas de mariposa en la parte superior hacían como de lazo, pero al tocarlas se esfumaron convirtiéndose en polvo dorado a sus pies, era realmente extraña, no parecía tener tapa, y la cogió entre sus manos, se quedó mirándola extasiado y se preguntó en voz alta.- ¿que será esto?, sin poder contener su curiosidad, sus dedos comenzaron a intentar forzar aquella cajita, pero no se abría, abrumado y desencantado se sentó y llevó la caja hasta su pecho, la abrazó y pidió lleno de curiosidad.- jop cajita ábrete, yo quiero saber lo que contienes. La cajita se abrió lentamente mientras de su interior brotaba una luz blanca, Gully abrió los ojos hasta el punto que parecía que no podría abrirlos más y se quedó paralizado, dentro de ella, un hada tan pequeña que casi no se la veía, dormitaba sobre una hojita verde, de almohada tenía un pétalo de margarita enrollado, era diminuta, casi del tamaño de un botón, al notar el frío esta se despertó, estiró sus alitas azules y sacudió la cabecita, se alisó las minúsculas laminas que eran sus vestiduras, levanto la mirada y contempló la cara asombrada de Gully... le sonrió con esa pequeña carita que inspiraba la mayor de las ternuras y le dijo... Tengo frío, mucho frío.
Gully, sin dejar su estado de shock, entró en la casa, llevó la cajita con el hada junto a la chimenea y comenzó a ofrecerle comida, bebida, agua calida en un pequeño bol para que tomara un baño caliente, de todo le ofreció a la pequeña hadita, pero ella negaba con la cabecita cada uno de los ofrecimientos, con los ojitos tristes, casi llorosos, de sus pequeños labios de un rojo vivo intenso, solamente brotaban, como en un murmullo las palabras.- hazme volver a casa con mis amigas las hadas y los pequeños duendes que viven en el país de la imaginación.
¡¿el país de la imaginación?! ¿donde esta eso? preguntó Gully, el hada le respondió.- está muy cerca de ti, tan cerca que no podrías imaginarlo, asombrado, más que asombrado, extasiado, la miró inquiriéndole una respuesta más concisa, está en tu corazón, de ahí salí yo... cada vez más asombrado.- ¿y por que saliste de ahí?¿acaso no te cuidaba bien?
Me olvidaste Gully, El hada comenzó a reprocharle, desde las navidades anteriores, justo al cumplir tus 10 años dejaste de pensar en mi, y en todas las hadas y duendes de este mundo para creer en otras cosas, en cosas que nosotras no podemos darte, santa Claus, papa Noel y los reyes magos si pueden dártelo, pero tu dejaste de leer nuestras historias, nuestras vidas de hadas y duendes si tu nos olvidas nos hará desaparecer, a mi y a todo el mundo de la fantasía, el comprendió que si no ponía remedio todo su mundo quedaría solamente en un sueño vivido en un tiempo, entendió que le necesitaban, que el mundo de las hadas necesitaba que los niños creyesen en ellas para poder vivir para siempre.
Gully se sintió muy triste y culpable ya que era verdad que a partir de su décimo cumpleaños se creía muy mayor para esos cuentos y los había guardado en el ultimo cajón de su armario, con lágrimas en los ojos se encaminó hacía su habitación, abrió el cajón ultimo de su armario y comenzó a devolver todos los cuentos a la estantería que su padre colgó para ellos cuando Gully tenia apenas un añito.
Cogió aquel cuento que mas le gustaba “ALITAS DE HADAS” y se puso a leerlo con todo el interés que era capaz de sentir.
Cuando terminó de leerlo bajó al salón de la casa donde había dejado la cajita, se acercó despacio pero impaciente por contarle a la pequeña hadita lo que acababa de leer y cuando cojió la cajita entre sus manos ¡¡¡SORPRESA!!! la pequeña hadita había desaparecido, en su lugar... dibujada sobre un papel dorado, una gran sonrisa con un ¡¡¡FELIZ NAVIDAD GULLY, GRACIAS POR TU REGALO!!!.
Gully se sintió triste pero feliz a la vez, ya que comprendió que gracias a su ilusión y a su interés por las historias de hadas, su pequeña amiga había vuelto a casa, y que el mundo de la imaginación ya no desaparecería.
Desde aquel momento Gully todos los días se encierra en su habitación y viaja al país de la imaginación a ver a sus amigas la hadas, que gracias a el y a muchos niños y mayores como el hacen que existan por siempre jamás.-
ciudad era un manto blanco, la suave y mullida nieve lo había cubierto, todo, hasta el último rincón de su jardín.
Se levantó de un saltó y pegó la nariz a la ventana, estaba helada, pero sentía una gran prisa por sentir bajo sus pies tan blanca alfombra. Desayunó, sin protestar, sus cereales con leche , se vistió y colocó su gorro, bufanda y guantes.
Gully se disponía salir de casa para jugar en la nieve con Pope, su snaucer, pero cuando intentó salir se dio cuenta que la puerta no se podría abrir, la nieve la había atascado así, que sin dudarlo, se fue al garaje donde su padre guardaba sus herramientas, cogió una pala, saltó por la ventana del salón que daba a la calle y se puso a trabajar duro para quitar toda esa nieve que no le dejaba salir a disfrutar de aquella maravillosa mañana,
Comenzó a cavar apartando la nieve que cubría la entrada a la casa, y de pronto la pala chocó con algo que la hizo sonar raro, era un ruido extraño, entre metálico y suave, había topado con algo muy duro, pero a la vez delicado, con sus manos envueltas en sus guantes de lana comenzó a retirar la nieve y... era una pequeña cajita dorada, con unas estrellas destellantes grabadas en sus paredes, unas alas de mariposa en la parte superior hacían como de lazo, pero al tocarlas se esfumaron convirtiéndose en polvo dorado a sus pies, era realmente extraña, no parecía tener tapa, y la cogió entre sus manos, se quedó mirándola extasiado y se preguntó en voz alta.- ¿que será esto?, sin poder contener su curiosidad, sus dedos comenzaron a intentar forzar aquella cajita, pero no se abría, abrumado y desencantado se sentó y llevó la caja hasta su pecho, la abrazó y pidió lleno de curiosidad.- jop cajita ábrete, yo quiero saber lo que contienes. La cajita se abrió lentamente mientras de su interior brotaba una luz blanca, Gully abrió los ojos hasta el punto que parecía que no podría abrirlos más y se quedó paralizado, dentro de ella, un hada tan pequeña que casi no se la veía, dormitaba sobre una hojita verde, de almohada tenía un pétalo de margarita enrollado, era diminuta, casi del tamaño de un botón, al notar el frío esta se despertó, estiró sus alitas azules y sacudió la cabecita, se alisó las minúsculas laminas que eran sus vestiduras, levanto la mirada y contempló la cara asombrada de Gully... le sonrió con esa pequeña carita que inspiraba la mayor de las ternuras y le dijo... Tengo frío, mucho frío.
Gully, sin dejar su estado de shock, entró en la casa, llevó la cajita con el hada junto a la chimenea y comenzó a ofrecerle comida, bebida, agua calida en un pequeño bol para que tomara un baño caliente, de todo le ofreció a la pequeña hadita, pero ella negaba con la cabecita cada uno de los ofrecimientos, con los ojitos tristes, casi llorosos, de sus pequeños labios de un rojo vivo intenso, solamente brotaban, como en un murmullo las palabras.- hazme volver a casa con mis amigas las hadas y los pequeños duendes que viven en el país de la imaginación.
¡¿el país de la imaginación?! ¿donde esta eso? preguntó Gully, el hada le respondió.- está muy cerca de ti, tan cerca que no podrías imaginarlo, asombrado, más que asombrado, extasiado, la miró inquiriéndole una respuesta más concisa, está en tu corazón, de ahí salí yo... cada vez más asombrado.- ¿y por que saliste de ahí?¿acaso no te cuidaba bien?
Me olvidaste Gully, El hada comenzó a reprocharle, desde las navidades anteriores, justo al cumplir tus 10 años dejaste de pensar en mi, y en todas las hadas y duendes de este mundo para creer en otras cosas, en cosas que nosotras no podemos darte, santa Claus, papa Noel y los reyes magos si pueden dártelo, pero tu dejaste de leer nuestras historias, nuestras vidas de hadas y duendes si tu nos olvidas nos hará desaparecer, a mi y a todo el mundo de la fantasía, el comprendió que si no ponía remedio todo su mundo quedaría solamente en un sueño vivido en un tiempo, entendió que le necesitaban, que el mundo de las hadas necesitaba que los niños creyesen en ellas para poder vivir para siempre.
Gully se sintió muy triste y culpable ya que era verdad que a partir de su décimo cumpleaños se creía muy mayor para esos cuentos y los había guardado en el ultimo cajón de su armario, con lágrimas en los ojos se encaminó hacía su habitación, abrió el cajón ultimo de su armario y comenzó a devolver todos los cuentos a la estantería que su padre colgó para ellos cuando Gully tenia apenas un añito.
Cogió aquel cuento que mas le gustaba “ALITAS DE HADAS” y se puso a leerlo con todo el interés que era capaz de sentir.
Cuando terminó de leerlo bajó al salón de la casa donde había dejado la cajita, se acercó despacio pero impaciente por contarle a la pequeña hadita lo que acababa de leer y cuando cojió la cajita entre sus manos ¡¡¡SORPRESA!!! la pequeña hadita había desaparecido, en su lugar... dibujada sobre un papel dorado, una gran sonrisa con un ¡¡¡FELIZ NAVIDAD GULLY, GRACIAS POR TU REGALO!!!.
Gully se sintió triste pero feliz a la vez, ya que comprendió que gracias a su ilusión y a su interés por las historias de hadas, su pequeña amiga había vuelto a casa, y que el mundo de la imaginación ya no desaparecería.
Desde aquel momento Gully todos los días se encierra en su habitación y viaja al país de la imaginación a ver a sus amigas la hadas, que gracias a el y a muchos niños y mayores como el hacen que existan por siempre jamás.-
Mª Angeles López-Jaraba Mora
EL LIBRO DE LA VIDA

Acabamos de abrir el mejor regalo,
venía envuelto en papel dorado
con estrellitas azules y lazos rojos...
Cuando lo vimos,
apoyado sobre la chimenea
como dormido,
pensamos en nuestros más fuertes deseos...
nuestros sueños,
nuestras esperanzas, todo,
todo estaba contenido dentro de él.
Pedimos encontrarnos, al abrirlo,
la paz, la fe, el amor, la felicidad,
también una pizquita de suerte,
de sentimientos,
pedimos ser los mejores,
y también que nos quisieran,
tanto, tanto como deseamos querer nosotros.
Tiramos del lazo...
con ansiedad, intentando calmarnos,
al desatarlo, el papel dorado,
se abrió como una flor,
ante nuestros ojos ávidos...
Y dentro... Un libro,
con cubiertas plateadas,
y en el que se leía como título.-
"LA VIDA".
Nuestras manos lo tomaron y...
abriéndolo...
nuestros ojos se abrieron aún más,
¡¡¡Está en blanco!!!
comenzamos a pasar página a página,
y llegamos al final,
donde una leyenda grabada en oro...
decía...
"Hoy es el primer día de tu vida"
"tienes el poder en tu mano,
haz la felicidad y escríbela aquí".
Hoy es el primer día de nuestras vidas, amigos,
hagamos que sea un libro lleno de colores, de risas,
de fantasías, de paz, amor y bondad, dejemos nuestros
besos grabados junto con nuestros sueños, escribamos
PAZ, AMOR, GENEROSIDAD, Y TODO LO BUENO DE
NOSOTROS en el, con letras de cariño, de ternura, con gotas de nuestro corazón,
venía envuelto en papel dorado
con estrellitas azules y lazos rojos...
Cuando lo vimos,
apoyado sobre la chimenea
como dormido,
pensamos en nuestros más fuertes deseos...
nuestros sueños,
nuestras esperanzas, todo,
todo estaba contenido dentro de él.
Pedimos encontrarnos, al abrirlo,
la paz, la fe, el amor, la felicidad,
también una pizquita de suerte,
de sentimientos,
pedimos ser los mejores,
y también que nos quisieran,
tanto, tanto como deseamos querer nosotros.
Tiramos del lazo...
con ansiedad, intentando calmarnos,
al desatarlo, el papel dorado,
se abrió como una flor,
ante nuestros ojos ávidos...
Y dentro... Un libro,
con cubiertas plateadas,
y en el que se leía como título.-
"LA VIDA".
Nuestras manos lo tomaron y...
abriéndolo...
nuestros ojos se abrieron aún más,
¡¡¡Está en blanco!!!
comenzamos a pasar página a página,
y llegamos al final,
donde una leyenda grabada en oro...
decía...
"Hoy es el primer día de tu vida"
"tienes el poder en tu mano,
haz la felicidad y escríbela aquí".
Hoy es el primer día de nuestras vidas, amigos,
hagamos que sea un libro lleno de colores, de risas,
de fantasías, de paz, amor y bondad, dejemos nuestros
besos grabados junto con nuestros sueños, escribamos
PAZ, AMOR, GENEROSIDAD, Y TODO LO BUENO DE
NOSOTROS en el, con letras de cariño, de ternura, con gotas de nuestro corazón,
hagamos que brille como una
estrella, incluyamos en el a la luna, el sol, los astros,
pero, ante todo... metamos mucha, mucha comprensión
y amor.
estrella, incluyamos en el a la luna, el sol, los astros,
pero, ante todo... metamos mucha, mucha comprensión
y amor.
(dedicado a todos los que desean utilizar su corazón)
AHHHH... y a mi Hada Carmen con todo mi cariño
DIBUJO DE UN BELÉN

Hoy, en la casa, se respira un ambiente dulce, las guirnaldas cuelgan sujetas a la pared con chinchetas de colores, las bolas, multicolores, brillan dándole un toque de armoniosa navidad, sobre el aparador un Belén pequeño con todas sus figuritas colocadas en cada lugar preciso, en una gruta hecha de corteza de árbol, los principales protagonistas, parecen esperar que los niños se acerquen con sus panderetas a cantarle villancicos, al lado, apoyado sobre un matorral de romero, el pastor observa, quieto, su gran rebaño de ovejitas blancas y el perro parece guardarlas, más allá, en el río de aguas de espejo, varias mujeres lavan durante todo el tiempo la ropa blanca de un bebé, otra la tiende, eternamente, sujeta a un pequeño cordón que cruza entre dos ramitas de árbol, los patitos navegan sin moverse y, los juncos, hechos de pinochas, bordean el pequeño río dándole colorido, al fondo, sobre una gran montaña hecha de papel rígido, nevada con harina, se encuentra el castillo del rey Herodes, con sus dos soldados, uno a cada lado de la puerta, por el camino bajan, sentados sobre sus camellos, los Reyes Magos, ya han avanzado tres pasitos, con sus pajes sujetando las riendas y dirigiéndolos, alrededor de una hoguera rojiza se hallan sentados un grupo de pastorcillos, mientras el hombre de las gachas parece no terminar de mover el cazo dentro del caldero, una mujer camina con un cántaro al hombro hacía el pozo donde varias más parecen estar de tertulia animada, por allí, las gallinas, con sus pollitos, no paran de cloquear mientras, sobre una roca, pequeña piedrecita de canto rodado, el gallo se alza majestuoso, un labrador, agarrado al arado, hace que su mula vaya dibujando surcos predefinidos con la parte trasera de un lápiz, en la tahona se ve al panadero sudando frente al horno y sobre la mesa hogazas de pan recién hecho, estarán esperando eternamente que alguien las meta en su zurrón, el cielo, papel azul brillante, lleno de estrellas de plata y de nubes de algodón, parece arroparlo todo, es un pueblo diminuto, dibujado sobre una cartulina, el fondo de este Belén... Escondido tras un árbol recortado de una rama de romero, el cagón parece ser el más buscado por los niños, mientras que el permanece atento a su faena sin inmutarse, mis ojos vuelven a la gruta de tronco de árbol y en él, un San José, incansablemente de píe, junto a una virgen María, de túnica azul y manto blanco, contemplan extasiados al pequeño ser, de pelo rizado, que parece mirarlos con amor, un burro y un buey parece arroparlos dándoles calor... es el "NIÑO JESÚS", él... espera tranquilo, te espera... ven a cantarle un hermoso villancico junto con las hadas, los duendes y los angelitos....
BEZNAMÉ Y LA AUSENCIA

La nieve cubría como una alfombra blanca y mullida el jardín de la casa de Pablo, este año no había guirnaldas de luces en el sauce que había junto al estanque, y dentro de la casa no se escuchaban villancicos como otros años, había telarañas, los muebles tapados con sabanas estaban llenos de polvo, en la cocina, la nevera se hallaba con la puerta abierta, dentro de ella no había nada, así como la casa, todo estaba vacio.
Dieron las doce en el reloj que, increíblemente, continuaba marcando el tiempo desde que Pablo y su familia se marcharon a vivir a la ciudad, regaló sus campanadas, como si de latidos de un gran corazón se tratara, ¿podía ser el corazón de la casa?, al terminar las campanadas comenzaron a encenderse unas lucecitas diminutas, pero de un brillo espectacular, debajo de la falda de la mesa camilla, en una de sus patas se abrió una pequeña puertecita verde, y… con un farolito rojo en su mano, apareció Beznamé, era una duendecilla de color rosa, con el pelo largo, hasta sus tobillos, color naranja calabaza, sus ojos como cabezas de alfileres, cobre intenso, una boquita como un minúsculo corazón granate oscuro; miró a un lado y otro del extenso salón, para ella era como el mismísimo desierto del Sahara o, el mismísimo continente antártico, ufff, era inmenso aquel mundo, siempre, a través de todos los años(11, precisamente la edad que tenía Pablo, con el nació Beznamé, justo al mismo tiempo) que venía apareciendo cada 24 de diciembre en aquella casa, había sido su primera impresión; pero hoy… hoy parecía diferente, además de grandiosa, la estancia, se le hacía fría, demasiado fría, encogió los hombros y dio un respingo para desprender el aire helado que la hacía temblar, con pasito firme y coqueto se dirigió hasta la chimenea donde, esperaba encontrar a Pablo ensimismado en su escritura, recordó que siempre
se asustaba al descubrirla, según se iba acercando, echó de menos el crepitar de los troncos ardiendo en la chimenea, el olorcito a olivo quemado no le llegaba a la nariz, incluso las sombras, a veces tétricas, que creaba la luz de las llamas, ufff hacía mucho frío, se estiró intentando mirar sobre el borde de la alfombra y… todo estaba a oscuras, la chimenea no estaba encendida y… Pablo no estaba tumbado en ella escribiendo su carta, por un momento pensó que se había equivocado… de casa, de día, de todo… Se sentó al borde del hilo que se había descosido del tapizado rojo del sofá y refunfuñó regañándose a ella misma… ¿Cómo se te ocurrió no mirar el día que es? Te has equivocado, seguro que aún estamos en noviembre, o lo mismo es mayo… vaya…estás boba… se llevó la manita hasta la mochila de hojas de parra que colgaba de su espalda para sacar su bloc de notas, un minúsculo cuadernillo hecho de piel de almendras, cosido con pétalos de amapolas, en el cual se hallaba escrito todo lo que tenía que hacer durante los siguientes cien años, ahí iba, día a día señalando lo que había hecho, y… no fallaba, era diciembre, precisamente 24 de diciembre, no se había confundido, no, no se había equivocado… entonces… ¿Qué estaba pasando en casa de Pablo?- Sin saber que pensar, se encogió hasta convertirse en un diminuto puntito en la inmensidad de aquella estancia y, con el alma rota, comenzó a llorar, una lágrima tan inmensa que, al caer al suelo, pareció crear un océano, rodó por su diminuta carita, y comenzó a soñar:
Pablo se hallaba frente a la chimenea, escribiendo su carta, como todos los 24 de diciembre, de vez en cuando su mirada iba hacía la mesa camilla que se apostaba al otro lado de la estancia, ya hacía casi diez minutos que el reloj había dado las doce campanadas de rigor y… él continuaba esperando la presencia de Beznamé, esta vez no le sorprendería, le había preparado un gran regalo, un gran regalo que sabía que a ella le iba a gustar, era golosa,
tremendamente golosa y, Pablo había encargado a su madre que le hiciera un pastel diminuto, tan diminuto que ocupaba solamente el centro de la flor del plato de postre, mamá se la había preparado con todo cariño y, estaba tan apetitosa… después de tantos años, al fin comprendió que él también debía tener un detalle con Beznamé, después de la veintitantas miradas al rincón de la mesa camilla, no pudo por menos que levantarse e ir, levantar las faldas y mirar buscando el puntito verde que denotaba la entrada al mundo maravilloso de la duendecilla, pero… no encontró nada y, de vuelta a la alfombra, intentó continuar con su carta, se había atascado en el segundo párrafo, no sabía que escribir, no sabía, incluso, a que, quien o para que estaba escribiendo.
De pronto el reloj se empeñó en marcar la 1 de la madrugada y… lleno de tristeza, Pablo se dejó caer en un sueño profundo, un sueño al que acudieron todos los fantasmas y hadas de su vida, se vio en un gran salón de mármol gris, con balconadas de balaustres griegos, o romanos, o… ni se sabe que… de los que asomaban cientos de cabecitas tocadas con velos, gorros puntiagudos, coronas, cascos… toda una legión de personajes que le apuntaban con sus dedos como increpándole, como acusándole de algún oculto delito… LA AUSENCIA… Tras un largo abucheo, alguien decretó… Pablo, niño, llegó tu final, mañana ya serás mayor… y… todo comenzó a girar a su alrededor como una noria a gran velocidad.
Sonó el despertador y Pablo sacó lánguidamente su brazo de entre las mantas para apagarlo, se dio la vuelta en la cama e intentó volver a dormirse, ¡que carajo, es navidad y no tengo por qué levantarme! Se dijo a sí mismo, se encogió intentando retener el calorcito, hacía frío, mucho frío y…
Desde el salón le llegaban los gritos de Martita, su hermana pequeña, parecía haber descubierto el Mississippi, ¡Está loca,
siempre lo dije… Martita está loca! Con todas sus fuerzas… gritó: Mamáaaaaaaaa por Dios… que se callé ya… y se tapó cabeza y todo para no escuchar la alegría de Martita.
Beznamé se levantó despacio, sus bracitos colgaban abandonados como si le pesaran millones de toneladas, se dirigió hasta la mesa camilla, volvió su cabecita hacía la chimenea, sus ojitos, mojados, se clavaron en el punto donde Pablo colocaba el borrador y, con un suspiro profundo exclamó: "¡Mierda!... ya te hiciste mayor". Caminó hasta la puerta y desapareció.
Pablo, se levantó de la cama gruñendo, se vistió deprisa y salió refunfuñando hasta el comedor, Martita jugaba con una muñequita rosa, de pelo larguísimo color calabaza, de ojos redonditos, cobre puro, y un corazoncito granate como boca. En su manita llevaba un farolito rojo, y… a Pablo, por un segundo, le pareció que le miraba.
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